Género

10. La opresión vinculada al sexo comienza en el nacimiento, mediante la imposición social del género. El género es la etiqueta que las feministas utilizan para describir el sistema de valores que prescribe y proscribe comportamientos y apariencias a los miembros de las diferentes clases sexuales, y asigna un valor superior a una clase sexual a expensas de la otra. (Es un enlace al mismo post que dije antes que añadieses a marcadores. De verdad que quiero que lo leas).

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Bodies para bebés (“Listo como papá”, “Guapa como mamá”). El condicionamiento del género comienza en el nacimiento.

11. La socialización dentro de un género es un proceso vitalicio de inculcación del rol de género que le corresponde a tu sexo. Empieza en el nacimiento, se impone y lo reforzamos consciente e inconscientemente todas y todos, en un abanico de aspectos diferentes, grandes y pequeños, y refuerza ciertos comportamientos que se consideran deseables para los miembros de las diferentes clases sexuales a la vez que previene los que se consideran indeseables. A esto se refería Simone de Beauvoir cuando nos dijo que “una no nace mujer, sino que se hace mujer”. Ocupar la posición de mujer es ser socializada a lo largo de toda una vida en la pertenencia a una clase sexual inferior. El género prescribe sumisión, debilidad y pasividad como características deseables en las hembras, y dominación, poder y agresividad como características deseables en los machos.

Las niñas deben ser guapas y pasivas (título del libro de la izquierda: “Cómo ser preciosa. Maneras ingeniosas de verse y sentirse fabulosa”); los niños deben ser listos y activos (título del libro de la derecha: “Cómo ser inteligente. Maneras ingeniosas de volverte más listo”).

Las niñas deben ser guapas y pasivas (título del libro de la izquierda: “Cómo ser preciosa. Maneras ingeniosas de verse y sentirse fabulosa”); los niños deben ser listos y activos (título del libro de la derecha: “Cómo ser inteligente. Maneras ingeniosas de volverte más listo”).

12. La forma en la que el género se expresa varía de acuerdo a la cultura y al contexto, así que en diferentes épocas y lugares se han impuesto diferentes normas de apariencia y comportamiento para los machos y las hembras. Pero la idea que subyace es la misma: las hembras deben representar el género de forma que demuestren su inferioridad y sumisión; los machos deben representar el género de forma que demuestren su superioridad y dominación. La función de este sistema de opresión es hacer parecer la debilidad femenina y su dependencia de los machos como algo natural e inevitable, y facilitar por tanto la explotación por parte de los machos del trabajo emocional, sexual, doméstico y reproductivo de las hembras.

13. Es la capacidad reproductora que se percibe, no la capacidad reproductora real, la que determina la clase social a la que se te asignará, y por tanto la forma que tomará tu socialización dentro del género y la opresión que experimentarás. No importa si en realidad eres infértil, y por tanto incapaz de realizar la función reproductiva de tu sexo. Tampoco importa si quieres realizar esa función o no. El dimorfismo sexual significa que se te leerá socialmente como perteneciente a una u otra clase sexual, y por tanto te someterán a una socialización de género, y a unos castigos por no cumplir el papel que se espera de tu sexo. Las mujeres entre la veintena y la treintena sufrirán discriminación laboral debido a su potencial aparente de ser madres, incluso si no pueden concebir o no tienen deseo de hacerlo.

14. Es muy importante entender que la socialización en un género y la opresión de género ocurren independientemente de cómo el individuo se sienta respecto a su identidad. Las injusticias que se infligen sobre las niñas no ocurren porque esos individuos sepan que son mujeres y piensen sobre sí mismas como tales. Ocurren porque esas niñas habitan cuerpos femeninos, y por tanto se las coloca en una clase sexual inferior al nacer. Negar este hecho no implica sólo no comprender cómo funciona el género; también implica colaborar en una forma de culpabilización de las víctimas, en la que las niñas y mujeres que sufren violencia y opresión basadas en el género parecen haberse identificado con esa posición social subordinada, y reconocen y apoyan su propia inferioridad y sumisión.

15. Muchos individuos de ambos sexos se encuentran incómodos dentro de las restricciones que el género les impone. Les ocurre a todas las mujeres que se denominan feministas. La razón por la que acudimos al feminismo es porque sentimos que el género es una jerarquía opresiva que limita nuestro potencial, y queremos liberarnos de las exigencias de feminidad, que es simplemente la expresión de sumisión femenina. De forma similar, muchos hombres se encuentran incómodos dentro de las normas de la masculinidad, que requieren una expresión de dominación, a menudo en la forma de agresiones y violencia. Los machos que encuentran la masculinidad dolorosa e intolerable, y que deciden rebelarse contra ella se enfrentan a prejuicios y discriminación, y deberíamos querer acabar con esto. Pero merece la pena recordar que el género castiga a las mujeres, quieran cumplir con sus condiciones o no. La no-conformidad (no amoldarse al papel esperado) se castiga y se sanciona socialmente para ambos sexos, pero para las hembras la conformidad es también una forma de castigo, dado que cumplir con la feminidad es en sí mismo sumisión y subordinación.

16. El grado de angustia y malestar que los individuos experimentan al intentar amoldarse a las normas de género apropiadas varía entre las diferentes personas. Hay muy pocas personas, si es que acaso existe alguna, que se adhieran perfectamente a los ideales de género prescritos a su sexo. Todas hacemos concesiones para sobrevivir y para florecer lo mejor que podamos bajo las restricciones que el género nos impone. Todas reforzamos activamente algunas partes, aceptamos pasivamente otras y nos rebelamos ciertamente contra otras, y el equilibrio que finalmente alcanzamos es una cuestión personal e individual. Aunque deberíamos estar preparadas para examinar críticamente y reflexionar acerca de nuestras opciones, y para inspeccionar nuestra complicidad en la perpetuación del género, no se puede culpar a ningún individuo por las decisiones que toma de cara a poder sobrevivir bajo un sistema opresor.

17. Querer abolir los efectos opresivos y limitadores del género no significa que las feministas radicales queramos evitar que la gente exprese su personalidad de la forma que más le guste. Las feministas no queremos abolir el maquillaje o los tacones, o prohibir a las niñas jugar con muñecas y vestirse de princesas. Todo lo que las feministas queremos es separar todo esto de la capacidad reproductora aparente, para que las niñas y los niños, mujeres y hombres, se puedan vestir como gusten, jugar con los juguetes que quieran, realizar los trabajos que deseen. Las mujeres y los hombres serían libres de desarrollar sus capacidades y alcanzar todo su potencial, libres de las imposiciones restrictivas de las poderosas normas sociales que prescriben sumisión y pasividad a las hembras y dominancia y agresividad a los machos. El mundo ideal sería uno en el que la capacidad reproductiva aparente de cada persona tuviese tan poco que ver con el trato social que se le da y los logros que se esperan de ella como tienen a día de hoy el grupo sanguíneo o si es zurda o diestra.

18. Las elecciones que los individuos toman acerca de su comportamiento, sus gustos y preferencias acerca de los vestidos y las apariencias, y cómo decidan expresar esa personalidad, son independientes del sexo biológico, y –evidentemente– no tienen ninguna influencia en él. Las personas se pueden vestir como quieran, comportase como elijan, modificar su cuerpo de la forma que deseen, siempre y cuando estas elecciones no hieran a otras personas que no consientan. Esto debe alentarse, y es de hecho una parte importante del proyecto de liberación de los humanos de las opresivas restricciones del género. Pero nada de esto altera el hecho biológico subyacente de su biología femenina o masculina. Cuántas normas de género se desafíen y modifiquen no hará hembra a una persona macho, porque ser hembra sólo significa pertenecer a la clase de humanos que son capaces de gestar un bebé. Desafiar y jugar con las normas de género a la hora de presentarse y comportarse, para parecer andrógino, es una herramienta válida y útil para desmontar las estructuras del género; pero por sí solas nunca podrán liberar a las hembras de las opresiones que vienen por vivir en un cuerpo femenino. No puedes escaparte de una opresión que tiene una base material a base de auto-identificación.

 

 

Proxima – Los asuntos trans y la identidad de género

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