Sexo

1. Los humanos, como la inmensa mayoría de las especies, se reproducen sexualmente. Esto significa que la reproducción de nuestra especie se consigue a través de la fusión de un gameto femenino con uno masculino para producir un nuevo organismo. En los casos normales, el organismo producido será inequívocamente macho o hembra, y producirá los gametos apropiados para el propósito de la reproducción sexual.

2. Las categorías de macho y hembra son por tanto categorías biológicas generales que se aplican a todas las especies que se reproducen sexualmente. Los humanos no son especiales en este sentido. Así como el lenguaje que se utilice para describir estos hechos biológicos y el valor que les demos serán moldeados por la cultura, los hechos en sí existen independientemente de la cultura o de cómo sean entendidos socialmente. Las hembras continuarán produciendo gametos grandes e inmóviles (óvulos) y los machos seguirán produciendo gametos pequeños y móviles (espermatozoides), tengamos o no un lenguaje para describirlo.

Gameto grande e inmóvil = hembra. Gameto pequeño y móvil = macho

3. Los humanos, como la mayoría de las especies y la totalidad de los mamíferos, poseen dimorfismo sexual. Esto significa que los organismos hembra y macho de la misma especie son diferenciables, debido a diferencias anatómicas y fisiológicas: sus características sexuales primarias y secundarias. En las hembras humanas, los niveles relativamente más altos de estrógenos estimularán el desarrollo de la vulva, vagina, ovarios, útero, pechos, y una serie de otros marcadores fisiológicos. En los humanos macho, los niveles relativamente más altos de testosterona estimularán el desarrollo del pene y los testículos, la agravación de la voz y el crecimiento de vello facial en la pubertad, y una serie de otros marcadores fisiológicos. De nuevo: los humanos no son especiales en este aspecto. Así como el lenguaje que se utilice para describir estos hechos biológicos y el valor que le demos a éstos serán moldeados por la cultura, los hechos en sí existen independientemente de la cultura o de cómo sean entendidos socialmente. Tengamos o no un lenguaje para describirlo, las hembras continuarán desarrollando las mamas y menstruarán al alcanzar la pubertad.

4. Como se mencionó en el punto 1, en los casos normales, el individuo que resulta de la reproducción humana es inequívocamente hembra o macho y fácilmente reconocible como tal, como resultado de los órganos sexuales visibles que se desarrollan en el útero. En un porcentaje pequeño de casos, el individuo es intersexual. Esto significa que las características que muestra son tales que no es posible hacer una clasificación sencilla de macho o hembra. Aunque es difícil determinar con seguridad la prevalencia de la condición intersexual, debido a que existe una serie de diferentes factores biológicos que pueden causarla, se estima que en torno a uno de cada 2000 bebés nacerá visiblemente intersexual. El hecho de que algunos humanos sean intersexuales no afecta en absoluto a la realidad del dimorfismo sexual, de la misma forma que el hecho de que algunos humanos nazcan sin miembros inferiores no afecta al hecho de que los humanos sean bípedos.

5. En todos esos casos en los que la cría es de forma inequívoca macho o hembra, el sexo biológico se reconoce al nacimiento: a las hembras se las llama niñas y a los machos niños. Identificar de forma correcta los genitales que un individuo posee y por tanto el sexo biológico al que pertenecen no es una cuestión de asignar un género a la criatura; es simplemente reconocer los hechos biológicos y darles la etiqueta biológica correcta. Tengamos o no un lenguaje para describirlo, las hembras y los machos humanos seguirán existiendo. Seguirán naciendo criaturas con vulva y criaturas con pene y testículos, los llamemos o no “niñas” y “niños” (y nos refiramos a esos órganos con esas etiquetas o no. Un pene es un órgano anatómicamente diferente a un clítoris, sin importar cómo lo llames).

Si orinas por él, no es un clítoris. Denominar a tu pene “clítoris grande” no lo hace parte de la biología femenina

6. Para resumir los puntos 1-5: a pesar de la existencia de algunos casos poco frecuentes que se desvían de la norma, la inmensa mayoría de los humanos posee características anatómicas de uno de los dos sexos. Estas características determinan la función reproductora que el individuo puede realizar. En biología se utilizan las etiquetas “hembra” y “macho” para referirse a estas clases sexuales. Tanto si mantenemos estas etiquetas como si dejamos que signifiquen otras cosas y perdemos el lenguaje para describir estos hechos biológicos básicos, tales hechos permanecerán. Todo ser humano que ha existido ha sido creado mediante este mecanismo, y requirió un trabajo reproductivo arduo y peligroso por parte de sus madres.

7. No hay nada remotamente opresivo o injusto en identificar correctamente el sexo biológico de una criatura en base a sus genitales, e identificar por tanto su potencial papel reproductivo. Tampoco hay nada esencialista o determinista en esta clasificación. Reconocer que debido a una base biológica sólo la mitad de nuestra especie es potencialmente capaz de concebir y gestar vida ni reduce a esas personas a esa función reproductiva ni la presenta como obligatoria. Sin embargo, negar estos hechos biológicos básicos convierte a la biología femenina en algo de lo que no se puede hablar, lo que hace que sea imposible analizar y describir la opresión que acompaña el vivir en un cuerpo femenino (las violaciones y la violencia sexual, la falta de acceso a anticonceptivos y al aborto, falta de atención a la maternidad, derechos laborales relacionados con la maternidad, la falta de inversión e investigación de enfermedades y dolencias femeninas…).

8. La opresión a las mujeres tiene sus raíces históricas y su justificación aparente en la biología femenina y en la explotación del trabajo reproductivo femenino. Alterar la definición de la palabra “hembra” para que ahora signifique “cualquier persona que crea que es hembra” no sólo es incoherente desde un punto de vista conceptual (más acerca de esto luego); también elimina la posibilidad de analizar la estructura de opresión de las hembras (personas con biología femenina) como clase, erradicando la terminología que utilizamos para describir la condición material de nuestra existencia (Añade ese enlace a favoritos si hace falta, pero léelo. Léelo más de una vez, idealmente. Merece la pena).

9. Además, para aquellos individuos que sienten que tendrían que haber nacido hembras pero no lo hicieron, alterar la definición de la palabra para que también les incluya sólo trae un alivio temporal de su sufrimiento. No es la existencia de las palabras “macho” y “hembra” lo que las personas con disforia encuentran angustioso. Es la realidad biológica que subyace, junto al constructo social de los roles de género que se asocian a los miembros de las clases sexuales, lo que encuentran intolerable. Las palabras “hembra” y “macho” son descriptores neutrales, y no hay nada peyorativo en clasificar a alguien como “macho”. Cualquier tipo de connotación que las palabras “macho” y “hembra” evoquen son causa del constructo social de las normas de género asociadas a los sexos, en la forma de feminidad y masculinidad –el tema de la siguiente sección.

 

 

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